ADIDAS x CLOT
Enero se siente distinto en muchas ciudades, incluso cuando el calendario “oficial” ya arrancó hace semanas. Hay otro reloj —más íntimo— que se activa con la llegada del Año Nuevo Lunar: el de los retornos familiares, los sobres rojos, el ruido de los mercados, los altares domésticos, el vapor de una tetera, el gesto de estrenar algo como si la ropa pudiera abrir un año con mejor suerte. Esa celebración no pertenece a un solo territorio. Viaja con la diáspora, se adapta a cada calle, y en el camino aprende a hablar varios idiomas: tradición, contemporaneidad, memoria, estilo.En moda, el Año Nuevo Lunar dejó de ser una nota al margen hace rato. Primero apareció como un guiño fácil —un color, un estampado, un dorado insistente— y luego comenzó a exigir otra cosa: comprensión. Porque cuando una marca decide entrar en un ritual que millones de personas sienten como propio, la conversación deja de ser estética y se vuelve cultural. Ahí se mide el pulso real: cuánto archivo se reconoce, qué símbolos se tratan con paciencia, qué historia se cuenta sin convertirla en souvenir.En esa línea, ADIDAS x CLOT “LUNAR NEW YEAR COLLECTION” se planta con una intención clara: trabajar el imaginario chino desde el detalle y desde el relato, sin reducirlo a decoración. La propia narrativa oficial de la colección pone las palabras “heritage”, “symbolism”, “craftsmanship” y “contemporary expression” en el centro —patrimonio cultural, simbolismo, oficio, expresión contemporánea— como si el diseño fuera una forma de traducción, no un disfraz.
El protagonista visible de esta edición 2026: el Año del Caballo. En el zodiaco chino, el caballo aparece asociado a energía vital, fuerza y una cierta idea de independencia. La colección lo usa como punto de partida para hablar de movimiento hacia adelante, pero sin la ansiedad del eslogan: más bien como un temperamento que se siente en la silueta, en las texturas, en la mezcla de códigos que CLOT viene afinando desde hace dos décadas. Hay colaboraciones que se entienden mejor cuando se mira el mapa completo, no la foto del lanzamiento. CLOT nace en Hong Kong en 2003, en un momento en el que “streetwear” todavía significaba cosas distintas según el hemisferio. La marca surge con Edison Chen y Kevin Poon como cerebro compartido, y desde el inicio se formula como un puente: un lugar donde la cultura china no aparece como exotismo sino como punto de partida, y donde la influencia occidental no entra como molde sino como conversación. Esa idea del puente se volvió casi una obsesión productiva. CLOT creció operando como archivo vivo: toma símbolos, textiles, referencias populares, y los pone a circular en un lenguaje urbano que no le pide permiso a la nostalgia. En entrevistas, Chen vuelve una y otra vez a la noción de unir culturas, a esa tensión entre dualidades (el yin y el yang como lógica de equilibrio, por ejemplo) y a la necesidad de que el proyecto no pierda contacto con la calle.

Chen, además, carga una biografía atravesada por la mezcla. Figura pública desde la música y el entretenimiento en Hong Kong, termina convirtiéndose en uno de los nombres clave cuando Asia deja de ser “inspiración” y pasa a ser motor. En la lectura que hacen perfiles y entrevistas, aparece como un “polímata” cultural: actor, cantante, emprendedor, director creativo, alguien que entiende que el estilo también se construye desde la industria, desde las tiendas, desde la manera en que una prenda se encuentra con su contexto. La relación con ADIDAS llega en un momento particular. En octubre de 2023, durante el show del aniversario 20 de CLOT en Shanghai Fashion Week, se anuncia una alianza global con adidas Originals. No fue un cruce silencioso ni una simple firma: se presentó como un nuevo capítulo que pretendía abrir el rango de lo que CLOT podía hacer cuando se sentaba con un archivo tan vasto como el de adidas. Ese detalle importa porque el archivo de ADIDAS no funciona como un museo. Funciona como una caja de herramientas que se activa cada vez que una comunidad lo necesita: fútbol, terrace culture, hip hop, skate, clubbing europeo, athleisure, moda de pasarela. adidas Originals —la división que opera con esa memoria cultural— entiende que hay siluetas que viven en varias décadas al mismo tiempo. Y ahí entra CLOT con su método: tratar el símbolo como material, no como estampado.
La colección de Año Nuevo Lunar 2026 se presenta como “primer capítulo” de una historia que se despliega durante el año en formato anime, dirigida creativamente por Chen. La marca lo enmarca como una narrativa por episodios, con invitados especiales apareciendo a lo largo de 2026. El movimiento tiene algo interesante: en vez de anunciar una campaña y olvidarla, plantea un universo continuo, una ficción que permite que los símbolos respiren y evolucionen. Dentro de ese universo, Chen aparece como “key master”, maestro de llaves. La metáfora se siente obvia y aun así funciona: llaves que abren puertas, que desbloquean potencial, que conectan pasado y futuro. Lo importante no está en el slogan sino en lo que habilita: una narrativa sobre acceso, sobre transición, sobre abrir espacios donde la herencia cultural no se quede encerrada en la vitrina. El gesto de las llaves también encaja con una lectura más amplia del Año Nuevo Lunar en el mundo contemporáneo. En muchas ciudades, la celebración se volvió un punto de encuentro entre generaciones: abuelos que sostienen rituales, jóvenes que construyen identidad en la mezcla, familias que aprendieron a llevar su cultura en maletas. En moda, esa realidad se traduce en algo simple: la necesidad de diseñar desde la conversación y no desde el cliché.
Por eso la colección se apoya tanto en el oficio. El texto oficial habla de craftsmanship, y en el ecosistema de medios que cubre el lanzamiento se repite la idea de materiales y acabados como parte del mensaje. No se trata de “lujo” en el sentido vacío, sino de la artesanía como lenguaje cultural: bordados, texturas, cierres, decisiones de construcción que remiten a prendas tradicionales sin copiarlas literalmente. El rango de apparel se describe como una mezcla entre disciplina marcial y sastrería moderna, con piezas como una track jacket de cuello mandarín y outerwear con relleno PrimaLoft, además de un vocabulario que cruza kung fu elegance con streetwear contemporáneo. Esa frase —kung fu elegance— dice mucho sin ponerse académica: habla de postura, de control, de movimiento medido, de una estética que en Asia tiene historia propia y que en Occidente fue consumida muchas veces desde el estereotipo. Aquí se intenta devolverle complejidad. En calzado, la colección gira alrededor de dos modelos: un Superstar Dress Shoe y una silueta nueva llamada Qi Flow. La prensa especializada lo resume con claridad: dos pares que cargan el tema “Year of the Horse” desde lugares distintos, uno más formal y otro con referencias al mundo del kung fu.

El Superstar Dress Shoe resulta especialmente elocuente por el tipo de choque cultural que propone. Superstar pertenece al ADN popular de ADIDAS; su silueta lleva décadas circulando entre música, calle, deporte, moda. Convertirlo en “dress shoe” altera el contexto de uso sin necesidad de forzar un discurso. De pronto, una forma familiar entra a un terreno donde se espera cuero pulido, códigos de ceremonia, una idea de “presentación” más formal. En el marco del Año Nuevo Lunar —donde la ropa nueva tiene peso ritual— ese movimiento se lee casi como una traducción: cómo se viste la celebración en una época donde la ciudad pide híbridos.
El otro par, Qi Flow, aparece descrito en varias coberturas como una silueta con inspiración kung fu. “Qi” no es una palabra decorativa: dentro de filosofías chinas tradicionales, remite a energía vital, a flujo, a una idea de circulación interna. Que el modelo se llame Qi Flow conecta de forma directa con el Año del Caballo y su lectura de vitalidad y movimiento; y también con esa obsesión de CLOT por tomar conceptos culturales sin convertirlos en estampita. Lo interesante de estas decisiones no está en si a alguien “le gusta” el resultado. Está en el tipo de conversación que abre: la idea de que una colaboración puede funcionar como un ensayo visual sobre identidad. En el caso de CLOT, esa identidad nunca fue pura. Hong Kong, como ciudad, ya trae esa complejidad en el cuerpo: puerto, mezcla, tensión entre lenguas y sistemas, una modernidad que convive con tradición sin resolver del todo la fricción. CLOT parece haber entendido que esa fricción no se elimina: se diseña.Por eso, cuando se habla de “East meets West” en CLOT, conviene evitar la caricatura. No se trata de poner dragones al lado de un logo occidental. Se trata de una operación más sutil: cómo un detalle de construcción puede recordar una prenda ceremonial sin ser disfraz; cómo una paleta puede sostener un simbolismo sin volverse literal; cómo una campaña puede hablar en el lenguaje visual global del anime y aun así mantener un centro cultural específico. El anime como decisión de campaña tampoco aparece por azar. En los últimos años, el anime dejó de ser nicho para convertirse en idioma global. Para audiencias jóvenes, el anime ya no funciona como “cultura japonesa” empaquetada: funciona como narrativa emocional, como estética de ritmo, como manera de construir mundos. Que Chen use ese formato para contar la historia del “key master” dice algo sobre cómo se entiende la herencia hoy: no como un bloque fijo, sino como un relato que puede viajar por nuevas plataformas sin perder su raíz. La colección también se apoya en momentos físicos, experiencias que buscan anclar la narrativa en ritual. Algunas coberturas mencionan una vista previa tipo ceremonia de té en Nueva York, incluso con ubicación específica (Floating Mountain Tea House). El detalle importa porque desplaza la celebración del “evento de marca” hacia un gesto cultural: el té como pausa, como hospitalidad, como tiempo compartido. A nivel de fechas, el lanzamiento global se sitúa el 31 de enero de 2026, con disponibilidad a través de adidas y minoristas seleccionados. En otros contextos, esa información sería “de compra”. Aquí funciona como coordenada cultural: la cápsula cae justo cuando el Año Nuevo Lunar todavía vibra, cuando los encuentros familiares siguen ocurriendo, cuando la ciudad está llena de señales de renovación.

Ese manejo del timing se relaciona con otra capa: la manera en que las marcas globales aprendieron a trabajar celebraciones culturales sin quedar como turistas. En 2025, por ejemplo, adidas Originals publicó otra comunicación junto a Edison Chen alrededor del Año Nuevo Lunar que incluía una experiencia cultural en Ciudad de México, subrayando que la fecha “trasciende fronteras” y se celebra por personas de “todos los ámbitos”. Más allá del tono institucional, el punto es claro: el Año Nuevo Lunar, en su forma contemporánea, ya pertenece a un circuito urbano global. En ese circuito global, CLOT ocupa una posición rara: opera desde Asia, pero conversa de tú a tú con la industria occidental; construye desde herencia cultural, pero con un ojo entrenado en pop contemporáneo; puede moverse entre tienda, pasarela y calle sin pedir disculpas. Esa versatilidad se volvió más evidente cuando la marca celebró su aniversario 20 con un show en Shanghai Fashion Week, situándose no solo como streetwear sino como proyecto cultural con ambición de moda. Hay una frase que aparece con frecuencia cuando se habla de Chen: “bridging East and West”. Es repetida, sí, pero no por eso pierde sentido. En el mejor de los casos, esa idea nombra una realidad histórica: durante años, el streetwear global miró hacia Asia como mercado antes de mirarlo como autoría. CLOT aparece temprano en esa transición, ayudando a normalizar que la estética, los símbolos y el criterio de la región podían liderar tendencias, no solo consumirlas. Por eso, leer esta colección únicamente como “capsule de Año Nuevo Lunar” se queda corto. Lo que está pasando también tiene que ver con el modo en que ADIDAS reordena su narrativa contemporánea: menos dependencia de colaboraciones como ruido, más interés por alianzas que aporten perspectiva cultural. La propia comunicación de adidas sobre Chen insiste en su rol como director creativo de CLOT y en su intención fundacional de tender puentes, sugiriendo que la colaboración busca profundidad cultural y no solo impacto inmediato. Si se mira el ecosistema de reseñas, aparece otra lectura: la mezcla de herencia y “left-field design”, diseño inesperado, como describen algunas publicaciones. Esa frase encaja con el ADN de CLOT: tomar una base reconocible y desplazarla un paso, lo suficiente para que la gente se detenga. En la calle, el estilo funciona así. No necesita explicación, pero sí necesita intención. El caballo, en esa lógica, no funciona como ilustración. Funciona como energía. Como temperamento de colección. Vitalidad, fuerza, independencia: tres palabras que se repiten en el material editorial que acompaña la cápsula. El reto está en convertirlas en diseño sin caer en obviedad, y ahí entra el oficio: texturas, construcciones, referencias a vestimenta tradicional, códigos marciales llevados a prendas urbanas. También hay una dimensión de “ceremonia” en el modo en que se plantea el calzado principal. Un dress shoe no vive solo en el closet. Vive en el momento. En muchas culturas, ciertas prendas se guardan para fechas específicas porque el acto de ponérselas ya tiene peso simbólico. El Año Nuevo Lunar incluye esa idea: estrenar como gesto de apertura, de buen augurio. Llevar el Superstar hacia ese territorio formal conecta con esa tradición sin necesidad de subrayarla.Y luego está la calle: cómo aterriza todo esto cuando el ritual termina y la ciudad vuelve a su ritmo. Ahí la colección se pone interesante porque no queda atrapada en una estética festiva. El lenguaje visual —cuello mandarín en una track jacket, outerwear técnico con silueta cuidada, un modelo nuevo con eco marcial— apunta a algo usable en el día a día. Moda vivida, no moda de vitrina.Este es, quizá, el punto donde ADIDAS x CLOT viene construyendo su conversación más clara: identidad en movimiento. No identidad como etiqueta fija, sino como práctica. En un mundo donde la diáspora crece, donde la cultura viaja por internet antes de viajar por avión, donde los símbolos cambian de contexto todo el tiempo, diseñar se parece mucho a editar: decidir qué se mantiene, qué se transforma, qué se deja fuera por respeto.

En Colombia, esta colección se encuentra en HYPE.
Al final, el valor real de una cápsula de Año Nuevo Lunar no está en lo “bonita” que se vea en fotos. Está en si logra sostener un diálogo cultural sin simplificarlo. En si entiende que celebrar también implica responsabilidad: escuchar, investigar, cuidar el símbolo, darle espacio al oficio. En si deja una lectura que se queda después del ruido.

La colección 2026, con su capítulo de anime, su figura del “key master”, su enfoque en el Año del Caballo, su insistencia en patrimonio cultural y artesanía, propone una idea sencilla: que la tradición no necesita quedarse quieta para seguir siendo tradición. Puede moverse. Puede cambiar de forma. Puede entrar a la ciudad con nuevos códigos, seguir reconociéndose en el espejo, y abrir puertas sin perder su origen.